Luna llena sobre la Gran Via.
Edificios altos, luces de colores
y de neón.
Uno se habitúa
a este inmenso océano
de asfalto
en el que es un pez más
buscando su lugar
en el incierto devenir
de las mareas
y el inconstante batir de las
olas contra los muros de hormigón.
En este viaje al fondo del
mar urbano,
uno distingue las diferentes
especies que la pueblan, se incluye
en una y las categoriza.
Hay clasificaciones imprecisas
pero que hacen comprender
la arquitectura de las sociedades
submarinas.
Los hoteles, las tiendas,
los cines,
los teatros permanecen iluminados.
La soledad de los peces es habitual
y apenas ya duele.
De todas maneras, sería hermoso
que nadásemos
juntos
en estas aguas de
Ciudad.
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