En la vida no hay premios, ni castigos,
tan sólo consecuencias de nuestros
actos.
Y uno debe aceptarlas,
como parte del aprendizaje,
como parte del viaje
que comenzamos
sin haber pedido
venir
a este mundo.
De cada prueba,
uno obtiene un resultado,
o varios resultados
y
de los versos que junto,
que son crónica
del existir,
no se obtiene ni prueba ni resultado,
porque cada palabra
que los componen
se abastece a sí misma.
Si en un verso te digo, Ven conmigo.
Esta frase podría quedarse en el poema o ser leída, interpretada, traducida,
sacada de contexto, manipulada positivamente, negativamente, pero
en un inicio sólo fue parida con su significado lineal.
Si en una conversación cotidiana, pronuncio, Ven conmigo,
habría varias respuestas posibles y cada respuesta inferiría una consecuencia.
Si en un verso te digo: Vuela conmigo,
la frase quedaría incompleta pero es más que suficiente,
para decir que juntos con la imaginación,
alcanzaremos metas.
Si en una conversación cotidiana, te sugiero, Vuela conmigo,
más y más alto,
tal vez digas que no se puede, que no tenemos alas,
y yo te diré que
las alas existen en nuestra mente,
y que nadie las podrá cortar si no nos dejamos.
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