La noche me habla de tí,
y nunca lo bastante.
La noche me habla de tí,
te ensalza
y te alaba,
enumerando cada una de tus virtudes.
Pienso en ese paraíso
invisible
que se construye
cuando estoy contigo.
A esta hora,
la mente me pide sosiego, calma, ir a descansar.
El corazón me lleva a hilvanar versos
como si fueran hilos de un
sentimiento
que no claudica ante el paso del tiempo,
que se muestra
firme
y que, por supuesto, crece
y evoluciona.
Hay palabras que no alcanzan
a describir
y la mente afirma A,
el corazón expone no A,
y comienza la trama.
Hasta que al fin concluyo
que mis versos no son coartada,
sino forma de expresión
y la noche me habla de tí.
Le pediré que te cuide
y que te arrope con su cálido
manto.
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