brillas como el trigo temprano en los campos,
tu sonrisa
vale más que un mundo,
tus besos y tus abrazos
me abrigan y me confortan.
¿Qué no daría yo por tí, Alejandro?
¿Qué trozo de mi piel no es también tuya,
qué pelo no te pertenece,
qué célula fugitiva o insomne
no comienza
a comprender
lo que tus ojos me cuentan?
Te haces mayor.
Aprendiendo a leer los propios cuentos,
experimentando con
los límites propios de
la prueba y de laboratorios cotidianos.
Según Pessoa, la vida es un viaje experimental
, hecho involuntariamente.
Viniste a eso, como tantos,
pero es tu manera de vivir la que te hace
especial,
aplazando el miedo,
la sinrazón de los cohibidos.
Amor de mayo,
sinceramente tuyo,
Pablo.
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