Me siento al escritorio
de la habitación
como si tuviera muchas cosas
que contar, muchas cosas que decir,
y es casi cierto.
Jornada gris en la oficina.
Hoteles, taxis, bosques
ingleses, horarios,
reencuentros con antíguos
compañeros.
En estas horas desiertas,
en esta tierra de nadie,
los motivos se acumulan
para invocarte,
y apareces
en mi mente,
sin apenas esfuerzo,
al filo de la madrugada.
Mañana volveré a Madrid
y caminaré por sus calles
con el alma habituada
a la lógica del asfalto
y
cuando termine el día,
vendrá tu rostro
a hacerme compañía,
como tantas noches,
imaginándote.
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