Supongo que las palabras no son del todo libres
en el que momento en que
viajan a lugares
donde no son esperadas pero,
aunque sea de mínima
forma, lo son.
Porque quieren ser un mar que una dos islas,
un viento
que acaricie hojas de árboles distantes,
un barco que uniera dos puertos
alejados,
dos auriculares que se descolgasen del teléfono y,
por
motivos varios, el cable estuviera cortado.
Vine a escucharte, sí, no a imponer mis versos por decreto.
Por eso, ahora debo cultivar el silencio.
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