A veces es necesario
tomar el tren hasta
la estación soledad.
Y no pretender
que , acto seguido, vengas
a salvarme
sólo porque
llegué a este lugar
siendo
el único viajero
y sentirme solo
sea como quemarme con el hielo
de la indiferencia
del mundo.
No hay víctimas.
Pero hay sonidos y luces
en esta parada
en el tiempo que empieza a ser armoniosa.
Aquí hay tiempo para reflexionar
y afrontar los fantasmas interiores,
trazar planes de acción,
abrazar la propia soledad
y componer estrofas que hablen
de ti
y te convoquen
en otra estación,
también bella
y también luminosa,
la de la alegría.
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