Claro, los niños primero.
Ellos son la prioridad,
el incentivo,
el afán de hacernos mejores,
el impulso para superarnos.
Sus progresos, sus
virtudes nos hacen felices.
Sus defectos, sus errores,
nos hacen comprensivos.
Sobretodo, los amamos
y ellos son nuestro tesoro,
la fuerza que nos
empuja cada día.
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