Entre cortinas
de ventanales altos
en casas antiguas,
yo me escondía
cuando en la isla
de la infancia
jugaba al escondite
junto a otros niños.
Era la parte de la fiesta
cuando los mayores hablaban
de cosas serias
y para mí
eran un simple
y monótono eco
que se acoplaba
en un continuo barullo
sobre los techos altos.
Entonces
yo te miraba con ojos tiernos
y tú apenas sabías de mi
mirada.
¡Cuan puro es el primer amor!
¡Cuanta belleza de tus ojos emanaba!
Entre cortinas de ventanales
altos,
de casas antiguas
ya no me escondo
porque
el escenario ha cambiado.
Ahora al latido del amor,
le viene asociada
la pasión cuyo color
muta, se transforma
en un fondo
de amable verde esperanza
en senderos
que describen
la curva
entre dos puntos
ni tan lejanos
ni tan indiferentes.
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