Dejemos que el pasado
se quede, ahí, en el pasado.
Es sólo un principio.
Nadie, ni siquiera el mejor
mecánico, puede reparar lo vivido.
Uno aprende de los errores
y, a veces, vuelve a repetir los mismos.
Hay errores que uno cometería
muchas veces y los enmarcaría
con madera barnizada
o similar.
Hay otros errores que tienen
que ver con enfadarse por algo
o con alguien. Uno debe ir a la
raíz de la conducta del otro,
quererlo o al menos respetarlo.
Hay veces que la vida nos sonríe
y en vez de aceptarlo de buen
grado y dejarnos llevar,
el ego se enciende
y presumimos algo más de lo
debido.
Dejemos que el pasado se
quede ahí
y caminemos
lentamente
hacia nuestros sueños
y a la lucha cotidiana.
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