En ocasiones, la vida
nos hace tomar decisiones.
Cada cual con su importancia
y trascendencia,
cada una con su beneficio,
perjuicio y consecuencia.
Uno
invoca al corazón
y entiende de la alegría
que siente cuando ese alguien
especial
viene hacia nosotros,
ilumina y decora
con su buena estrella
las estancias.
Cuando se convoca a la razón:
Los números se amontonan,
las facturas se alistan
al ejército
de las deudas,
el minimalismo
se hace práctica,
hay vidas que proteger,
hay arbolitos que deben crecer
y
luego están el apego y
la costumbre.
Pero debemos tener
confianza en el proceso.
El lugar en el que estamos
es donde debemos estar.
La vida nos tiene preparadas grandes cosas y quien entra a nuestra vida
deja su huella, que en el mejor
de los casos, atesoramos
a diario, con la mirada puesta sin
prisa,
en momentos compartidos.
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