domingo, 7 de junio de 2015

La noche y sus senderos.

La noche camina sigilosa
por sus senderos
plagados de edificios,
aceras y avenidas solitarias.
El viandante se refugia
en la tímida y tenue luz de
las farolas, en el profundo mar interno
de sus reflexiones.
Un nombre de mujer.
Una llamada telefónica desde una cabina.
Una voz somnolienta que contesta:
"¿Quién es? Son las dos de la mañana."
Una breve respuesta:
"Soy yo. Necesito verte."
Y el verbo necesitar se queda corto
cuando ya en la calle los dos
se abrazan y convocan a la orquesta
de los hurra y de los viva.
Un camino se abre.
La noche los oculta
con su oscuro manto.

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