Elogio de ti,
de toda tu belleza
conocida,
de toda tu fuerza interior
misteriosa.
Elogio de ti, que como
cada mañana
resurges
como fragmento de luz
escondido
tras las hojas
de algún árbol y creces
y te ensanchas como un
rio que surca el curso
del día hasta
atravesar el océano
de la noche en barcos
de fraternal bandera.
Elogio de ti,
de todas tus virtudes
y de los pocos defectos
que de ti conozco,
de tus vientos cálidos
que abrigan,
de tus días fríos,
en los que pareces
distante
y consciente de la labor
que ocupas en una celda móvil
e invisible.
Elogio de ti,
y de todos los elogios que de ti
todavía
no he realizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario