viernes, 19 de junio de 2015

Cuando escribo un poema

Cuando escribo un poema
al amor, no espero ningún
premio, ni siquiera una recompensa.
Lo hago por el puro placer
de acariciar palabras de terciopelo,
o seda, de mencionar el color
de la luz del atardecer en
ciudades conocidas y en otras
a las que todavía no viajé
y en las que se puede percibir
la grandeza de una plaza antigua,
decorada con arcos
y glorietas, jardines y fuentes,
la majestuosidad de un castillo
abandonado,
el silencio de un rio,
la autenticidad
de una playa solitaria
en el mes de abril,
a la que me gustaría
invitarte.


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