Nadie está libre de intentar convertirse
en un tirano.
Un monarca solitario que actuase,
como si nada se escapara de su
atenta mirada, de su certero juicio,
de su dictamen sin réplica,
de su lógica consecuente.
Mas yo elijo
esa incertidumbre de la mirada
distraída, esa duda y ese axioma discutible que sale en la conversación del café en la mañana. Esas pocas verdades de las que me abastezco, la profunda sinrazón
inconsecuente.
Si alguna vez hubo un tirano en mi interior, pronto le enseñé la puerta de salida, pues la libertad es ese tesoro tan preciado que muchos solo conocen en los diccionarios. Ser libre es desear que otros lo sean.
Pero dejame que te diga...
Vivamos sin coacciones, sin presiones, cono ruiseñores que vuelan contra el rosal y sus espinas.
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