Si fueses, compañera,
un efímero viaje con fecha de vuelta definida,
propondría cambiar
las condiciones y decirte
que quisiera
que este momento se parara,
que las agujas del reloj no funcionaran,
que durara lo que durase,
pareciera eterno.
Por el contrario,
creo que sabría adaptarme
a la lógica de un viaje
sin vuelta ni retorno
donde eterno significase
lo mucho que me importas,
como este amanecer entre tibios
edificios donde la luz se cuela
por los ventanales
y construye una oda a tu rostro.
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