Sucede que en la noche
cuando me desvelo,
me pongo a recordarte.
Hace tiempo ya
que no te veo,
y comprendo los motivos,
pero tu ausencia
me pesa,
y vivir sin saber de ti,
duele.
Aunque hay cosas a diario
que celebrar:
La alegría y la salud de los
nuestros,
las aficiones.
Contigo,
la vida se hace más llevadera.
Las horas pasan volando,
apenas miro el reloj
ni pregunto cómo, quién o cuándo.
A tu lado,
lo diario es
algo más que
un viaje rutinario,
aunque rutinario
no figura como palabra
en
mi diccionario.
Salvémonos. Sí. Pero,
¿de qué?
¿De la catástrofe,
del abismo,
del vértigo?
Salvémonos.
Sí. Pero de la indiferencia, de
estar tan lejos y distantes.
Y de las opiniones ajenas.
Saberse unidos,
Alma con Alma,
resistiendo pisotones de
gigantes.
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