Ven conmigo esta tarde
si quieres
hacia ningún lugar.
Juntos nos perderemos
por calles alegres,
llenas de color,
y respiraremos
el aroma de los puestos
de frutas de otoño,
así como el de las hierbas
o las especies.
Nos sentaremos en la terraza
de un café a destiempo
y sin tiempo para tener prisa.
Ves que la luz de la tarde entra
por ese callejón.
Desde los miradores altos,
divisaremos la arquitectura
irregular
de la ciudad amurallada,
la ancha planicie de la vega,
las altas montañas,
y también las menos altas.
Ves conmigo esta tarde si quieres hacia ningún
lugar.
Sentarnos al lado de la
fuente del Avellano,
donde se escucha el susurro del Darro,
donde Ganivet recitaba sus versos.
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