Tengo frío en
esta habitación de hotel
de una ciudad inglesa.
La soledad me hace ver la claridad
de tantas cosas.
La voz que suena en ocasiones como un herido
magnetofón al otro lado del teléfono,
la crónica del día de escuela de los niños,
sus alegrías, su ternura,
su llanto.
La oficina
era hoy un nido de grillos
que hacen cri, cri.
Miserable Lunes.
El ser humano es despreciable pero
de vez en cuando nos olvidamos de ésto
y no pagamos con la misma moneda.
El día lo salvó
un paseo junto al campo
a la hora del almuerzo.
Restos de naturaleza
mezclada con asfalto, árboles y un prado.
No olvidé darme el amor
que hoy te tenía guardado
y al que, por si acaso,
le hice una copia por si vienes, lo puse a buen
recaudo. Qué bien, viniste a tiempo.
Miserable Lunes.
¿Qué significan todas tus señales?
¿O la ausencia de ellas?
Tal vez que vivimos en un compás de espera.
Miserable Lunes y
aquí sigo recordándote.
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