jueves, 30 de abril de 2015

La madrugada

La madrugada,
refugio
donde me cobijo
cuando me desvelo.
Proyecto una carta.
En ella te describo
el tiempo que hace fuera,
cómo hay
una lluvia fina y continua
en el interior de alguien
querido,
cómo la única vía que queda
es la de seguir el sendero,
no rendirse
y permanecer fuerte.
También te hablo
del nuevo trabajo que
pronto comienzo,
de la soledad de mis noches
que guardo
como un tesoro,
de la carta que acabo
de convertir en verso,
de las tardes en que quisiera
sentarme a tu lado,
de la palabra
que fácil brota del
manantial
del entusiasmo,
de la tranquila
lentitud del tren
hacia la mañana.
El poema alcanza la penúltima estación.
Próximo destino:
La renovada luz
que anuncia el alba.
Comenzará un nuevo día.
Estarás en casi todos los versos,
en las fuentes calladas,
en las calles,
en los parques,
en las plazas,
en los poemas que no he escrito,
en las ganas.



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