Cuando estás,
todo cobra sentido, la
habitación se ilumina,
tu sola presencia
irradia esplendor.
Cuando no estás,
ni puedo oírte ni siquiera
hablarte a través del teléfono,
los muros
de contención
de la rutina llevan un manual
de instrucciones
para no ser rebasados
. Entonces me alejo,
pienso en ti y
trepo hasta alcanzar
el otro lado.
Escribo trozos de la noche
y los envuelvo
en papel
poniendo tu dirección completa y
te dedico sus colores
más brillantes.
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