Tarde de Febrero.
Camino por
el jardín donde los cerezos
continúan desnudos
y que espera a la primavera
para que los vista
con sus flores blancas.
Hay glorietas,
caminos,
varios bancos entre los pinos,
una fuente de cuyo interior
brota el agua, una acequia
y muchos solitarios
que buscan un resquicio
de paz
en un lugar
donde la ciudad ofrece
una tregua,
y se aleja por un instante
de la lógica aplastante
del asfalto
y la madeja
de calles encendidas,
incendiadas
por el fuego
que surge del rayo
que fulge,
del rayo que acecha.
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