En el día de tu cumpleaños, querida niña,
te escribo unos versos,
para describir con palabras
lo que no puedo decirte con mis hechos.
Te deseo que tengas una jornada
repleta de buenos momentos,
amor y alegría,
que la tranquilidad y la calma
te abracen
con su cálida manta.
Es tu sonrisa la que ilumina
la estancia,
la que alegra a tus padres,
a los que te quieren de veras.
Tus ojos azules y risueños,
tu carácter alegre y juguetón.
Tu mirada que se ensombrece
cuando llueve demasiado.
Tus dos coletas que saltan y
que no son las de la Lolita de Nabokov.
Montaña joven que crece
entre cumbres,
algunas ya lejanas,
otras sólo distantes.
Querida niña, yo te guardo
el más profundo de mis afectos,
sin fecha de caducidad,
y, en este tu aniversario,
te envío
mi cariño silencioso,
mi silencio ensordecedor
y militante.
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